El bloqueo que nos marca *

Editado por Martha Ríos
2017-02-03 14:17:43

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Imagen de Archivo

Por Randy Alonso Falcón

Soy parte de una generación que ha vivido todos sus años bajo el influjo del bloqueo. Siete de cada diez cubanos han visto marcado cada día de su existencia por la maldita palabra. Todos estos años nos ha guiado el leimotiv de vencerlo, burlarlo, de romper con nuestra inteligencia y esfuerzo el nefasto cerco que nos tiende.

Ningún otro pueblo ha tenido que vivir tan prolongado asedio. Nunca nación alguna soportó tan genocida agresión desde la más poderosa potencia del planeta.

Cincuenta y ocho años de esta pérfida historia reflejan la valía del pueblo de este archipiélago frente a la criminal e inhumana agresión de su enemigo.

El dulce inicio de una historia amarga

Triunfada la Revolución que forjaron nuestros abuelos y padres, la justicia social se abrió camino. Con la llegada de los barbudos a La Habana se inició un huracán de medidas populares que acabaron con los alquileres onerosos de las viviendas, la educación privada y elitista, los grandes latifundios, el dominio del capital norteamericano sobre la telefonía, la electricidad, la minería, los bancos.

Los cubanos fueron entonces verdaderamente dueños de sus casas, de la tierra, de los recursos del país.

El ejemplo que se forjaba era demasiado peligroso para los intereses norteamericanos en este continente. El gobierno de Eisenhower no estaba dispuesto a permitir semejante osadía. Se puso de inmediato a funcionar la gran maquinaria de la agresión contra la pequeña nación insolente.

A la par que se organizaban planes militares, agresiones biológicas, intentos de atentados contra los principales dirigentes cubanos y otros actos hostiles refrendados en el Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro santificado por Eisenhower en marzo de 1960-, la asfixia económica y social se convertían en el centro del proyecto agresivo contra Cuba.

Lo primero fue reducirle a Cuba su cuota azucarera en el mercado norteamericano hasta finalmente abolirla; después prohibieron refinar en sus empresas en la isla el petróleo que se había comenzado a adquirir de manera ventajosa en la Unión Soviética; dejaron de vendernos tecnología; comenzaron, paso a paso, a  apretarnos las clavijas

El objetivo perverso se supo en toda su extensión mucho después, cuando se desclasificó un memorándum secreto fechado el 6 de abril de 1960 del Subsecretario Asistente para Asuntos Inter-americanos del Departamento de Estado, Lester D. Mallory, que consignaba:

“…La mayoría de los cubanos apoya a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es a través del desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, aun siendo lo más mañosa y discreta posible, logre los mayores avances en privar a Cuba de dinero y suministros, para reducirles sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Un plumazo de Kennedy con habanos en espera

Cuenta Pierre Salinger, su secretario de Prensa, que John F. Kennedy lo mandó con premura a comprar unos mil tabacos cubanos H Upmann; y sólo al dia siguiente, cuando verificó que en la Casa Blanca estaban a buen respaldo 1200 ejemplares de la vitola Petit Upman, dio el plumazo sobre un documento que oficializaba la guerra económica que su antecesor había iniciado contra Cuba.

El 3 de febrero de 1962, mediante la orden ejecutiva 3447 el presidente Kennedy decretaba un bloqueo total sobre Cuba que incluía el veto a la compra de medicinas y productos alimentarios en los Estados Unidos.

El 23 de marzo de 1962, Kennedy extendió el bloqueo a todos los productos que contuvieran materiales cubanos, incluidos los fabricados en otros países. A partir de agosto de 1962, toda nación que brindara ayuda a Cuba sería excluida del programa de ayuda estadounidense.

Kennedy también prohibió uso del dólar en transacciones con Cuba y elaboró una lista negra para los buques mercantes que atracaban en puerto cubano, sin importar de qué país fueran. Se le imponía la prohibición de atracar en puertos de EE.UU.

El golpe fue brutal. Nuestro país perdió de forma abrupta y drástica todo vínculo con Estados Unidos, el mercado más cercano, con el cual realizaba históricamente casi todo su comercio exterior.

Asedio total

La guerra económica contra Cuba traspasó muy pronto el conflicto bilateral para convertirse en un asedio por todo el mundo. Estados Unidos no compraría a nadie dulces o caramelos que contuvieran azúcar cubana o ningún equipo que incluyera en sus componentes níquel de la isla.

Durante casi cinco décadas, Cuba no pudo adquirir ninguna tecnología o equipamiento que tuviera al menos un 10 por ciento de componentes norteamericanos. No pocos negocios con terceras partes fueron torpedeados por las autoridades estadounidenses.Los bancos de todo el mundo rehuían hacer transacciones con Cuba.

El país tuvo que reorientar todo su comercio, cambiar su tecnología, crear grandes almacenes para su reserva, incrementar sus costos en transportes y fletes. Numerosos sacrificios tuvieron que hacer nuestros padres para hacer avanzar el país y atenuar en nosotros el impacto de las carencias.

Recrudecimiento del bloqueo

Casi terminábamos la universidad, el país había empezado un renovador proceso de rectificación de errores que abría mejores rumbos, cuando se desmerengó el socialismo en Europa, desapareció la Unión Soviética y Cuba se vio de nueva abandonada a su suerte.

Estados Unidos creyó entonces que era el momento del golpe final contra la Revolución Cubana y arreció sus agresiones. En medio del circo electoral norteamericano, el Congreso de ese país aprobó en 1992 la Ley Torricelli, que cortó radicalmente el comercio de medicinas y alimentos que Cuba mantenía con subsidiarias de compañías estadounidense asentadas fuera del territorio norteamericano, cuyo volumen en 1991 era de más de 700 millones de dólares.

Se cerraba un pequeño resquicio al bloqueo propiciado durante la administración Carter y se sumaban además prohibiciones severas a la navegación marítima hacia y desde Cuba.

Deseperados por no lograr el colapso de la Revolución y enredados en sus urgencias electorales, el Congreso y la administración Clinton aprobaron en 1996 la macabra Ley Helms-Burton, la cual convirtió en ley toda la madeja de prohibiciones del bloqueo, intentó impedir la inversión extranjera en Cuba y santificó la subversión financiada y el injerencismo descarado contra el proyecto social que los cubanos construimos.

Mi primer hijo nació un año después, con su existencia marcada por esta draconiana ley.

Varios proyectos y perchas legislativas para reforzar el bloqueo fueron aprobadas  después en el Congreso. Entre ellas está la Sección 211 de la Ley Ómnibus de Asignaciones Presupuestarias para el año 1999, cuyo principal fin es escamotearle a Cuba la marca de ron Habana Club en beneficio de la compañía Bacardí, un jugoso aportador de fondos electorales, desconociendo la legislación internacional sobre la propiedad intelectual.

También la Ley de Reforma a las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones (2000), que autorizó la exportación de productos agrícolas a Cuba, condicionada al pago en efectivo, por adelantado y sin financiamiento de los Estados Unidos y prohibió expresamente los viajes de estadounidenses con fines turísticos a Cuba.

Tras la llegada al poder, por la vía del fraude, del hijo de Bush (W.), en cuya victoria contó el accionar sucio de la derecha terrorista cubano americana de Miami, se incrementó la agresividad contra Cuba y se implementaron nuevas medidas para arreciar el bloqueo.

Se restringieron al máximo las visitas por motivos familiares, crecieron los obstáculos para el intercambio científico entre las dos naciones, las negativas de visas a deportistas y artistas cubanos para visitar Estados Unidos, se multiplicaron las multas a los ciudadanos norteamericanos  que viajaron sin permiso a Cuba. La Casa Blanca desarrolló en esos ocho años de gobierno Bush una guerra total contra Cuba

Freno al desarrollo

Casi seis décadas de genocida bloqueo le han costado a la economía cubana más de 125 mil 873 millones de dólares a precios corrientes. Es como diez veces el valor de las deudas de Cuba con el Club de París. Es casi quince veces el poder de compra de la nación en el año de mayor volumen de importaciones de las dos últimas décadas (2008).

Esta cifra, no incluye los más de 54 mil millones de dólares en pérdidas que han dejado los actos terroristas ejecutados contra objetivos económicos y sociales del país, con el aliento y el financiamiento de sucesivas administraciones norteamericanas.

Se estima que al menos el 15 por ciento de los estadounidenses que viajan como turistas al Caribe, hubieran viajado a Cuba si no existieran las prohibiciones de viajes de turismo en el país norteño.

Sobre esa base, en el año 2015 podrían haber viajado a Cuba alrededor de 2,1 millones de turistas estadounidenses, que de mantener el gasto promedio por estancia en el Caribe, estimado en 900 dólares, la industria turística cubana hubiera podido ingresar mil 890 millones de dólares

El Grupo Tabacuba dejó de recibir 119 millones 500 mil dólares por no tener acceso al mercado de los Estados Unidos. En el 2015, el Grupo comercializó 380 millones de unidades de tabaco Premium. Se estima que el mercado norteamericano en este renglón está en el entorno de los 250 millones de unidades de venta, equivalente al 65 por ciento del mercado mundial total.

La cuota de Cuba en los mercados a los que tiene acceso es superior al 70 por ciento en unidades y del 80 por ciento en cuanto a valor de las ventas. A partir de estos datos, es previsible que, de tener acceso al mercado estadounidense, el tabaco Premium cubano tenga un lugar privilegiado en el mismo.

Si bien es cierto que esa cuota se irá ganando de manera progresiva, durante el primer año de exportación del producto cubano a ese mercado, se estiman ventas totales de 50 millones de unidades.

Cuba está en condiciones de colocar anualmente en el mercado de los Estados Unidos no menos de 2,5 millones de cajas de la reconocida marca internacional de Ron Havana Club. Sin embargo, el bloqueo imposibilita que este producto cubano se comercialice en ese país.

En los mercados internacionales el valor de las cajas consideradas Premium, ronda los 41 dólares. De no existir el bloqueo, Cuba pudiera ingresar un aproximado de 105 millones de dólares por la venta del Ron Havana Club en el mercado estadounidense.

Rostros, nombres, apellidos

El costo humano de esta guerra económica, comercial y financiera es incalculable: El sufrimiento del paciente al que no le llegó a tiempo el medicamento que sólo producen las grandes farmacéuticas estadounidenses; la agonía del que vió retrasar el implante de un marcapasos porque la empresa que los vendía a Cuba fue absorbida por una compañía norteamericana; el dolor del médico que sabe cuánto más pudiera hacer por mejorar la calidad de vida de aquel enfermo de cáncer si no fuera...

Siempre llevo en mi mente la imagen, de hace casi una década, de aquella niña que la colega Gladis Rubio entrevistó en la flor de su adolescencia en la sala de oncología de un Pediátrico, aguardando los medicamentos que el país debía adquirir de trasmanos debido al bloqueo, para después saber, un año más tarde, que la bella muchacha había fallecido del cruel padecimiento.

O las historias que leí un día de Osdenis Díaz, Lenier Ramírez, Leidy Reyes, José Luis Sanamé, Yusmary Rodríguez, Pedro P. Valle, Roilán Martínez y otros niños cubanos que tuvieron que ser operados a corazón abierto en el Cardiocentro del Hospital Pediátrico William Soler, por no poder adquirir el país dispositivos como catéteres, coils, guías y stents, producidos por empresas estadounidenses y utilizados para el diagnóstico y la intervención en niños con cardiopatías congénitas complejas.

Famosas y vergonzantes son las multas impuestas a la anciana Joan Slote cuyo delito fue recorrer Cuba en bicicleta; al afinador de pianos que quizo ayudar a enriquecer el arte en la isla de la música; al famoso guitarrista y productor Ry Cooder por difundir la cultura cubana.

Los informes que cada año Cuba presenta al Secretario General de la ONU sobre la “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” son verdaderos catálogos del absurdo o de la perfidia.

Esperanza y frustración

Mi hijo más pequeño nació apenas 6 días antes de que el presidente Barack Obama anunciara, el 17 de diciembre de 2014, que habría un cambio en la política hacia Cuba y reconociera el fracaso del bloqueo.

Fue un momento de esperanza en mi hogar crecido y en millones de hogares cubanos. Y ciertamente, el mandatario afroamericano tomó diversas medidas para suavizar las recias medidas del bloqueo en cuanto a viajes, finanzas, comercio, transporte.

Se abrieron posibilidades, a pesar de que el Presidente no utilizó todas las prerrgativas que tenía para horadar aún más el bloqueo. Una y otra vez, pidió públicamente al Congreso levantar totalmente el bloqeuo contra Cuba, pero no hubo avances concretos en el legislativo.

Contradictoriamente, fue la saliente administración demócrata una de las más disciplinadas aplicadoras de las sanciones del bloqueo. Más de 14 mil millones de dólares en multas fueron impuestos desde 2009 contra entidades empresariales y bancarias de EEUU y otros países.

Obama se fue de la Casa Blanca y el bloqueo sigue ahí.

Política inmoral, fallida y antipopular

Dentro de la sociedad estadounidense siempre han existido un número importante de sectores que se han opuesto a la absurda política de bloqueo contra Cuba. Su número se ha multiplicado en los últimos años, alcanzando un pico máximo tras los históricos anuncios de los Presidentes de Cuba y de los Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014.

Son incontables las voces que reclaman un cambio de política de los Estados Unidos hacia Cuba. La prensa estadounidense se ha hecho eco de esos reclamos; medios como The New York Times y Bloomberg han destacado en sus editoriales el creciente apoyo bipartidista y de la sociedad estadounidense en general, a favor de levantar el “embargo” contra Cuba.

Incluso han realizado llamados al Congreso de los Estados Unidos para que apoye esta nueva política hacia Cuba, partiendo del hecho de que la mayoría de los sectores políticos y civiles estadounidenses, incluidos sectores de origen cubano, la respaldan.

Las encuestas realizadas por reconocidas instituciones estadounidenses como el canal de televisión CBS News, AP-GfK, el Pew Research Center, el grupo de cabildeo Engage Cuba y el tanque pensante The Atlantic Council confirman también el inmenso respaldo que existe en la sociedad estadounidense a favor de eliminar esa política.

Los resultados de todas ellas arrojan que, como promedio, el 70 por ciento de los estadounidenses apoyan el levantamiento del bloqueo contra Cuba.

Por encima del bloqueo

A pesar del obstinado y férreo bloqueo sufrido por casi seis décadas, Cuba ha avanzado más en el campo social que ninguna otra nación del Tercer Mundo.

Una educación de privilegio, un sistema de salud de calidad, un sistema deportivo de élite, seguridad social garantizada para todos sus ciudadanos, un florecimiento impresionante de la cultura, honran el esfuerzo y la creatividad de un pueblo que se ha crecido ante el asedio enemigo.

El cerco tendido con perversos propósitos no nos ha convertido en ciudadanos sitiados alejados del mundo. Disfrutamos los cubanos de lo mejor de la cultura universal y en especial de la norteamericana; accedemos a través de la televisión a los mejores eventos deportivos del planeta; nuestros científicos reciben numerosas visitas internacionales cada año y son respetados en los más encumbrados círculos del saber.

En medio de no pocos avatares económicos producto del bloqueo y nuestros propios errores, el crecimiento del ser humano por sobre las engañosas cifras macroeconómicas ha sido siempre brújula en nuestros destinos revolucionarios.

Nunca hazaña tal ha sido escrita. Así lo reconocen los cientos de movimientos de solidaridad que en todo el mundo claman todos los días por el cese definitivo del bloqueo, el fin de los progrramas injerencistas y la devolución del usurpado territorio de Guantánamo, que ocupa la Base Naval estadounidense.

Pocas veces se conoció en la historia semejante crimen contra un pueblo. De ahí que el bloqueo norteamericano encuentre el rechazo de más de 190 naciones en la Asamblea General de la ONU.

No existe ejercicio político más inhumano y absurdo en nuestros tiempos. Por eso son cada vez más los congresistas, empresarios, líderes de opinión y ciudadanos norteamericanos que se pronuncian contra esta barbarie.

Una nueva administración ha llegado a la Casa Blanca. Un nuevo Congreso se ha instalado en el Capitolio de Washington. ¿Prevalecerá el sentido común y la posibilidad de avanzar en las relaciones bilaterales o reinará nuevamente la irracionalidad y el desprecio hacia nuestra pequeña nación?

Mis hijos ya ha vivido varios años bajo el influjo del bloqueo. Para que su vida toda no transcurra bajo esa herencia maldita es mi lucha y la de tantos padres y madres, abuelos y abuelas. El odio de un gigante no puede seguir conculcando la felicidad plena de los nuestros. La única cura es la lucha y la inteligencia.

*Artículo actualizado y ampliado basado en otro escrito por el autor en Cubadebate en 2003.

(Tomado de Cubadebate)



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