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Proclama del X Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba

El Presidente de la UPEC, Antonio Moltó Martorell, presenta la Proclama al X Congreso de la organización, en Santiago de Cuba. Foto: Yoandry Ávila Guerra/ Cubap

El Presidente de la UPEC, Antonio Moltó Martorell, presenta la Proclama al X Congreso de la organización, en Santiago de Cuba. Foto: Yoandry Ávila Guerra/ Cubap

Colegas de toda Cuba:

Desde Santiago de Cuba, ciudad nacida con vocación de heroísmo, hoy, día de la prensa cubana, proclamamos nuestra fidelidad a un periodismo limpio, claro, veraz, creador, consagrado a servir a nuestros compatriotas. Somos, nadie lo ignora, quienes registramos y evaluamos  el acontecer buscando cuánto hay de nube en la flor y cuánto de flor en la nube, según el imperativo  de José Martí.

Por mandato profesional,  los periodistas vivimos con los ojos y los oídos arrimados a la actualidad. Nada repugna tanto a nuestra oficio como las llamadas “historias viejas”, noticias ya superadas, porque lo viejo, lo quedado atrás, nunca será el contenido esencial de los medios de información. Pero también sabemos distinguir la historia cotidiana, que pasa,  y  la Historia  que con caracteres mayúsculos se ha fijado en el pretérito con inclaudicable proyección de futuro,  para orientar y nutrir el decursar de la  nación.

Por tanto, no podemos olvidar jamás que nuestra prensa, el periodismo revolucionario, es decir, el periodismo que coadyuvó a que Cuba transitara de la dependencia a independencia,  de la esclavitud  a la libertad, nació en estas tierras orientales, en esas montañas que parecen custodiar, entre la neblina que las envuelve,  nuestra esencia de cubanos. Sí, en esas cordilleras, como en las cordilleras del alma cubana, posee la nación su mayor reserva de valores naturales, históricos y políticos.

Colegas:

Un día como hoy, 14 de marzo, el Apóstol, siguiendo con modesta fidelidad a sus antecesores, fundó hace 125 años el periódico Patria para unir y preparar la guerra necesaria de 1895.  Y entre los estampidos y el golpe metálico del machete resurgió el Cubano libre de la manigua en la campaña de los Diez Años, para acompañar  el nuevo y viejo  grito de Libertad o Muerte.

Convengamos, pues, que presentes han de estar El Cubano Libre, en sus dos épocas, y Patria. Y también El Habanero del padre Félix Varela, y La Fraternidad, de Juan Gualberto Gómez, y El Acusador, de Fidel pugnaz y joven líder, y Revolución, de la definitiva campaña por demoler cuarteles y romper cadenas, nuevamente dirigidas desde las montañas.

Nunca, colegas, será acto inútil volver nuestro rostro hacia esa Historia, y acercarnos a sus hechos, y a sus  hombres y mujeres, para  que cada uno de nuestros actos sean la garantía de que nuestra identidad como pueblo, y como ciudadanos y profesionales cubanos, se mantenga íntegra, inmune a la fragmentación.  De esos hombres, y de sus luchas con armas, pensamiento,  letras y periódicos nacimos como nación.

Son muchas y diversas las tareas que nos exige la Historia y el presente. Tenemos por delante la urgente tarea de cambiar el modelo de prensa para responder a reclamos históricos de los profesionales y de la sociedad y, a la vez, dar respuesta a los profundos cambios culturales y tecnológicos que vive hoy la comunicación en la era de la Internet y las plataformas sociales.

El estilo de periodismo más profundo, más crítico, más analítico que reclama nuestro pueblo, se evidencia ya en muchas de nuestras publicaciones, fundamentalmente en los medios provinciales, que han ido dejando a un lado el lenguaje apologético, el triunfalismo, la retórica compulsiva, para dar paso a una expresión más realista, más razonada y más equilibrada de las realidades que vive el país. Este es un logro indiscutible, que avalan premios y reconocimientos que se han dignificado con la presencia de reporteros, muchos de ellos muy jóvenes, que palpan cotidianamente la vida de los cubanos.

No cerramos los ojos, desde luego, a la cantidad de problemas, de deficiencias e insuficiencias que todavía tenemos. Hay zonas de nuestra prensa con un lenguaje demasiado burocrático, conmemorativo, dominado por los actos, por las actividades, por las efemérides y no por el valor intrínseco de las noticias y los temas. En algunos momentos,  las redes sociales han sido pasto de la bronca solariega, la vulgarización o festinación de la crítica, el ataque personal, la amenaza, las posiciones nihilistas o pseudorradicales, que crean confusión y desorientación, cuando no faltan a la ética y a los principios más elementales que constituyen la raíz de la tradición revolucionaria del periodismo cubano.

Colegas,

El momento actual es crucial. Nuestros sueños de un periodismo que se acerque más a los problemas y necesidades de los cubanos, deben reivindicarse en hechos.  Tenemos que concretarlos en la realidad y precisar con mayor profundidad cómo lo vamos a hacer en cada redacción, frente a nuestras audiencias que, como sabemos no son pasivas y están más segmentadas que nunca debido a la multiplicidad de opciones informativas y de pantallas, y tenemos que hacerlo de la manera más eficaz posible y esa eficacia es imposible en los tiempos que corren sin la ética y sin la ciencia.

Como sugería Julio García Luis, paradigma de periodista, debemos seguir haciéndonos una pregunta esencial: ¿puede haber periodismo en el socialismo? Para nosotros la respuesta es: sí, puede y debe haber un periodismo de calidad. ¿Es fácil? No. ¿Es un problema resuelto? No. ¿Hay que buscar una respuesta cubana a este problema? Sí. Comenta Julito en un texto memorable: “El capitalismo, obviamente, no sólo ha desarrollado una experiencia en este terreno, sino que posee determinadas ventajas. La irresponsabilidad que supone la propiedad privada de los medios es una de ellas. Lograr que la prensa nuestra, como parte del poder, sea capaz de aplicar de modo coherente el método de la crítica y la autocrítica, y autocuestionarse constantemente, como parte de la defensa y el perfeccionamiento de la obra de la Revolución, significa un salto ético sin precedentes.”

Ese es nuestro horizonte, queridos colegas. Tenemos un cuerpo de conceptos y herramientas teóricas, históricas y profesionales con las que trabajar y no hay retroceso posible. Nuestra perspectiva es cada vez más libertad, más amplitud, más responsabilidad y más profesionalidad.

Convocamos a cada redacción a pensar cómo transformar el medio, qué servicios podemos proveer a nuestro pueblo, cómo podemos ayudar al autosostenimiento de nuestra prensa sin convertirla en un negocio, de qué forma podemos mejorar los procesos de comunicación y la retribución y las condiciones de trabajo de nuestros profesionales. No nos desesperemos. El pueblo quiere mejorar el socialismo y quiere una prensa mejor, como todos nosotros que somos parte comprometida de esta sociedad esencialmente revolucionaria. Nuestras ideas son justas y están en línea con la voluntad de más participación, más democracia y más información.

Cuidemos celosamente la autoridad moral y la credibilidad de los medios y del Partido. Defendamos con intransigencia nuestros derechos y prerrogativas, pero hagámoslo, ahora más que nunca, sin prepotencia, sin arrogancia, con modestia, con sentido unitario y constructivo. No nos dejemos arrebatar el discurso del cambio. Somos nosotros los protagonistas principales de la transformación de la prensa y estamos en un punto donde, además, la revolución tecnológica es ineludible y se está produciendo justo en el campo de la comunicación y la información. Si no somos nosotros sus abanderados, otros lo enarbolarán. Si no los efectuamos dentro de la Revolución, el Partido y el socialismo, corremos el riesgo de que tomen caminos torcidos más tarde o más temprano fuera de la Revolución, del Partido y del socialismo. No vamos a permitir que tal cosa ocurra.

Desde Santiago de Cuba, a donde hemos venido a honrar a al Apóstol José Martí, y nuestro querido Comandante en Jefe, al pie del memorial y una piedra símbolo donde reposan sus cenizas, proclamamos los principios fundacionales de unidad y de compromiso con la verdad, la historia y la sociedad socialista a la que consagramos nuestra pasión por Cuba, con la misma devoción con que el hombre que descansa en esta tierra heroica dijo: “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro”.

Editado por María Candela
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