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Hotel Louvre: su peregrinaje por la calle de Milanés

por Lisania La Osa Llanes y Claudia Ortega Valido

Próxima a celebrar sus 325 años de fundada,  en 2018, la Ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas se reviste con nuevos sueños de gloria y la calle de Milanés atestigua el renacer de uno de sus encantos patrimoniales, a través de una reconstrucción que le devolverá la imagen de hospedaje de ciudad y reutilizará una de las esquinas urbanas más concurridas, Santa Teresa y calle Medio.

Hombres cubiertos de polvo, protegidos con cascos, descubren poco a poco la belleza oculta bajo los escombros y el tiempo.

El ruido de las maquinarias hoy se confunde con el eco de antiguas risas en los pasillos, el andar caluroso de las damas y el olor a tabaco de  los caballeros, allá por el año 1879 en el lujoso hotel Louvre.

El peregrino de la calle Gelabert.

El nombre de la instalación constituye una carta de presentación de la época, debido a que todo lo que venía de Francia por aquel entonces era exquisito y refinado, por lo que atraía mayor clientela a establecimientos comerciales.

Ercilio Vento Canosa, historiador de la ciudad, declaró que el inmueble era propiedad de la familia Antonio García Oña, gobernador en la primera mitad del siglo XIX, y durante su apogeo como tal mantuvo una relación competitiva con el hotel París, ubicado en la Calzada de Tirry.

Según el anuario de investigaciones culturales de  la dirección provincial de cultura en Matanzas el primer registro que se tiene de la instalación data de enero de 1879 en la fonda y posada del mismo nombre, situada en Gelabert cuatro y seis, hoy Milanés, al costado del actual teatro Sauto.

El periódico Aurora del Yumurí del cuatro de marzo de 1883 anunció que al día siguiente reabriría el local luego de la mudanza al edificio de la Escuela Municipal en la calle Gelabert número 56.

En 1904 ocupó su ubicación actual en Milanés número 47,  propiedad de Juan Escalante y sobrinos. En 1910 con el fallecimiento de Escalante el inmueble pasa por sucesivos dueños, desde su viuda hasta Vicente Moncholi, Director del Liceo Artístico y Literario de Matanzas, Antonio Palacios en 1937 hasta que fue intervenido por el Gobierno Revolucionario en 1962.

Después del triunfo de la Revolución fue reparado parcialmente a fines de la década del 1960, época en que las esculturas de las cuatro primaveras del lobby fueron trasladadas al "Sauto" y se introdujo un nuevo servicio: el salón principal que da a la calle y ofertaba helados de la línea Coppelia.

Tras  el nuevo cierre en 1980 reabrió sus puertas cinco años después, y fue considerado como el único hotel del país con características coloniales en el que se conjugaban edificio, mobiliario y piezas.

El "Louvre" volvió a cerrar en el 2005, y asumió otras funciones como la de almacén y mercado. En ese tiempo se perdieron muchos de los emblemáticos mobiliarios que decoraban el lugar, así como importantes obras de artes decorativas.

De hotel de ciudad a hotel encanto 

Originalmente la estructura doméstica del edificio era de muros de canto y mampostería, entrepisos, cubiertas apoyadas en armazones de ladrillos para el patio delantero  y el balcón con entramado de metal, declaró  Efraín Alfonso Castro, especialista del grupo contrato número tres de Esprestur Citur Varadero.

Sustituyen los pisos originales, losas de granito, y solo la escalera conserva el mármol,  mientras el patio mantiene las losetas isleñas de la época.

El proyecto liderado por la Inmobiliaria del Turismo y la Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería (Empai), pretende reutilizar una esquina, zona en derrumbe, donde existen tres edificaciones con funciones, arquitectura y número de plantas diferente: el Banco, el bar 66 y la bodega el Águila.

Los criterios de diseño proponen imitar la apariencia constructiva del  épico "Louvre" con pisos de mármol en áreas públicas, carpintería sencilla, una simulación de las losas isleñas en el patio, y mantener la originalidad de la fachada del antiguo bar 66, añade Alfonso Castro.

Las obras constructivas actualmente avanzan en el proceso de demolición de  las estructuras antiguas y conservación de los elementos patrimoniales, agregó el especialista.

El máximo aprovechamiento de los espacios existentes, crear un nivel de acceso a discapacitados, reproducir el lobby- bar original, construir un café nuevo y una cremería que dará servicio al hotel Velasco, ubicado al otro lado del  Parque de La Libertad, son los fundamentos  para crear el confort correspondiente  a la categoría hotel Encanto.

Hoy, en  los pasillos estremecidos por el tiempo,  todavía retumba la voz  de  Luis Carbonell, acuarelista de la poesía antillana, y  el talento escénico de Esther Borja seduce a los rescatistas del francés enclavado en la Atenas de Cuba.

(ACN)

Editado por Maria Calvo
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