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Bustos de Hemingway forman parte del panorama cultural y turístico de Cuba

por Roberto F Campos

Un par de bustos del escritor estadounidense Ernest Hemingway tienen impacto particular hoy entre los turistas que llegan a Cuba desde varias partes del mundo.

La primera de esas imágenes se encuentra en el poblado de pescadores de Cojímar, donde el novelista tuvo relaciones muy estrechas con la gente más humilde de ese lugar, ubicado hacia el este de la capital, al cruzar el túnel de la bahía habanera.

El rostro del escritor mira al mar, por donde mucho navegó, y la curiosidad la aporta que fue construido en los años 50 del pasado siglo con bronce recogido entre sus amigos pescadores, perteneciente a hélices y otras piezas de navegación.

Magia, misterios y bondades forman parte de una figura muy conocida por los cubanos, el novelista estadounidense Ernest Hemingway, quien forma parte del panorama cultural y turístico de esta Isla.

Se trata de un vínculo muy estrecho, cuyos rincones y amigos, leyendas y encuentros pueden motivar más de un guión cinematográfico.

Sus frases, como la de decir 'soy un cubano sato' marcan el escenario de pintores, escritores y artistas de diferentes manifestaciones, pero sobremanera al pueblo, de distintas generaciones, y ello gusta mucho a los turistas.

Pero el espíritu del autor de Por quién doblan las campanas, también, y sobre todo, está en el Bar-Restaurante Floridita de La Habana mediante otra escultura en bronce, en este caso a cuerpo entero.

Una figura a tamaño natural creada por el escultor cubano José Villa, se enseñorea en un costado de la barra, donde el propio novelista, en vida, se acodara a beber una buena cantidad del trago Daiquirí, su preferido.

Y como es de suponer, junto a esta segunda siempre se aprecia a un viajero foráneo tomándose una foto como recuerdo permanente.

Hemingway vivió interrumpidamente durante más de 20 años en La Habana a partir de los 30 del pasado siglo, y estableció su comandancia en el Floridita, fundado en 1817 y famoso por una clientela muy especial.

El Floridita (56 plazas en el restaurante y 48 en el bar) tiene como trago insignia el Daiquirí Natural, receta a base de zumo de limón, azúcar, ron blanco cubano, gotas de marrasquino y hielo frappé.

Hemingway lo caracterizó reduciendo el azúcar y aumentándole la dosis de alcohol, de cuyos preparados se bebía aproximadamente 12 diarios cuando acudía al lugar.

La escultura del bar pesa unos 300 kilos, completamente en bronce, y frente a ella permanece un libro y unos espejuelos, también en metal, junto a un Daiquirí real, cambiado diariamente como homenaje perenne a sus gustos.

Ambas piezas mencionadas son constantemente visitadas por los viajeros que quieren seguir los lugares esenciales de este escritor y su nexo con los cubanos.


(PL)

Editado por Maria Calvo
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