
Primer ministro, Manuel Marrero Cruz, con su homólogo congolés, Anatole Collinet Makoss.
Por: Roberto Morejón
Desde la república del Congo ha llegado a Cuba una cálida señal de respaldo y solidaridad en momentos en que en este archipiélago caribeño agradecen tales expresiones, dados los apremios económicos derivados del recrudecimiento del bloqueo estadounidense y de coyunturas externas adversas.
Como resultado de una reciente visita a Brazzaville, la capital de este país africano de una población de 6,1 millones de habitantes, del primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, los dos Estados se comprometieron a ampliar las esferas de colaboración.
Es así que ambas naciones de profundos lazos de amistad afianzados en más de seis décadas de relaciones, manifestaron voluntad de ensanchar los intercambios, no solo en salud y educación, sino en sectores como el energético, agricultura, turismo, cultura, biotecnología, ciencia e innovación y defensa.
Como señalaron dirigentes de ambos países, se trata de subir un escalón partiendo de una posición en la que la relación en la esfera de salud se ha mantenido activa.
En efecto, a los médicos de la mayor de las Antillas se les ve trabajando codo a codo con sus homólogos locales en hospitales de cuatro regiones de este territorio, cuya capital, Brazzaville, descansa bellamente en las orillas del río Congo.
La asistencia sanitaria cubana se inició en este país del centro de África en 1965 y desde entonces más de 500 profesionales han bregado en territorio congoleño en la atención de más de 631 mil pacientes.
Actualmente el grupo de profesionales cubanos de bata blanca tiene presencia en cuatro regiones de la República del Congo.
Cuba también le brinda asistencia en la calificación de recursos humanos, como lo evidencia el adiestramiento a cerca de 3 mil personas y se prevé el aumento en este sentido, a partir de un ofrecimiento del ministro Marrero Cruz.
Tendría que ser así porque los dos países han mantenido estrechos lazos de historia y amistad, sobre todo desde la trascendental visita de Ernesto Che Guevara en la década del 60 del siglo veinte.
Esa permanencia abriría las puertas al inicio de los aportes de la tierra de José Martí a movimientos revolucionarios africanos, como parte de sucesos de los que muchos residentes en el llamado continente negro guardan enriquecedores testimonios.
Como los relacionados con el papel de Brazzaville como sede de cinco de las rondas de negociaciones que enfilaron hacia los términos de la paz en Angola, la independencia de Namibia y encajó un golpe transcendental al régimen sudafricano del apartheid.
A partir de esos lazos cimentados en la historia, es comprensible que los más sobresalientes dirigentes congoleses, incluyendo el presidente Denis Sassou Nguesso, reafirmaran al premier de la mayor de las Antillas, Manuel Marrero, que nunca dejarán a un lado a los cubanos.