
Trump firma orden ejecutiva destinada a desmantelar el Departamento de Educación de Estados Unidos
por Guillermo Alvarado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó hace unos días una orden ejecutiva destinada a desmantelar el Departamento de Educación de Estados Unidos, un organismo federal encargado de dirigir varios programas de apoyo a estudiantes con dificultades.
Por medio de esa entidad también se ejecutan programas para garantizar la equidad racial en el sistema educativo y maneja el proceso de préstamos a los alumnos de la enseñanza superior y otros tipos de asistencia financiera al sector universitario.
En Estados Unidos, recordemos, el sistema de educación pública desde el preescolar hasta la preparatoria, nivel conocido en otras partes como bachillerato o preuniversitario, funciona en base a los presupuestos estatales y municipales, pero los fondos federales suman el 14 por ciento, que no es poco.
De hecho, antes de firmar la orden ejecutiva, ya había comenzado un proceso de despidos contra el personal del departamento y suspensión de contratos para financiar varios proyectos.
La idea fija del magnate es lograr en esa potencia un sistema de enseñanza basado en la más brutal ideología de extrema derecha.
Se trata de una arista más de la guerra cultural que está librando para, según él, combatir los peligros de las ideas de izquierda, en particular la inclusión social y racial, la libertad de elección y la presencia abierta en los recintos escolares de expresiones de diversidad sexual.
Para ello busca transformar el sistema, imponer un severo control a los temas que se imparten en las aulas, incluso a las ideas de los profesores y el resto del personal y hasta quiénes deben quedar totalmente excluidos de recibir formación académica.
Durante años, dijo, los padres han atestiguado la forma en la que las escuelas adoctrinan a sus hijos en ideologías radicales anti estadounidenses e incluso se quejó de que se haya dejado de practicar la enseñanza de la religión.
En su cruzada oscurantista ha atacado incluso a prestigiosas universidades privadas, como la de Columbia, a la que congeló un proyecto de 400 millones de dólares destinados a investigaciones científicas.
Para devolverlos, pone como condición que dejen bajo control del gobierno su departamento de estudios sobre África, Oriente Medio y el sur de Asia.
De seguir por esta línea, en el presunto “país de las libertades” como gustan de exhibirse Trump y sus aliados, pronto va a ser prohibido ejercer el pensamiento crítico y quedará una masa amorfa y subhumana, a menos que empiecen a despertar ya.