Germán Mesa Fresneda: una leyenda del béisbol cumple 51 años

Editado por Fernando Marinez Marti
2018-05-12 11:07:21

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Quienes le vieron jugar, no dudan en colocarlo como figura cimera de su posición en el béisbol cubano de todos los tiempos.

La Habana, 12 may. (RHC) Germán Mesa Fresneda, destacado pelotero cubano, cumple 51 años en esta jornada. Si hablamos de béisbol en Cuba, basta con decir Germán, para que se desaten exclamaciones, definiciones y apodos de quienes le vimos jugar. La sabermetría palidece para calificarlo. La emoción se dispara con acontecimientos, como roletazos difíciles.

Mezcla de ballet, danza afrocubana, sincronización, elegancia, precisión... Así era Germán fildeando en el hueco. Tiraba y se iba al banco. Pero el corredor Germán fue un maestro robándose la tercera almohadilla. Como bateador, ligó 33 triples dentro de eventos en Cuba, cifra por encima de la media en nuestros clásicos. Y conectó más de cien cuadrangulares, 112 exactamente, por maestría y oportunidad. Así impulsó más de 500 hombres para el plato en los torneos domésticos, cifra de respeto para su ubicación en las tandas capitalinas y su average de 285. No fue sólo el guante lo que hizo brillar al número 11 del campo corto cubano.

Germán y Padilla, encima del segundo cojín... Fantasía. Fantasía desde los entrenamientos y hasta el juego. Comunicación sin palabras. Sí, porque Germán leía la intención. Germán no fue sólo Germán. Era el vistoso Industriales de finales de los ochenta y principios de los noventa, con línea central de espanto y el funcionamiento defensivo de un Rolex criollo. Era Cuba, facturando doble play con Pacheco y Gourriel en La Habana 91. Era la maestría deportiva, que al final de su carrera demostró en el Mundial de 2001. Un mundial que él decidió para todo el archipiélago.

Nunca se explicó por qué estuvo fuera de nuestros diamantes y luego regresó. Pero ese regreso es uno de los momentos más
emocionantes en la historia azul y del béisbol de la Isla. Digno de una película. El público aplaudiéndole hasta el delirio. Beso a la
grama del estadio que le vio brillar. La defensa, para que hablar de ella, sin mermas. Y en el cierre del juego, con José Ariel Contreras
disparando a más de 95 millas, batazo de línea dura, para que vieran su estado al bate, tras dos años fuera. Germán está de vuelta, esa era la noticia.


Un día lo retiraron, con la elegancia de llevarlo a un buen contrato, junto a otras cuatro estrellas del béisbol cubano. Se fue en la cúspide.
Luego volvió y dirigió por tres años al equipo de sus conquistas nacionales, alcanzando como manager un campeonato de leyenda en 2010. Ahora transita por el mundo, a dónde pertenece. Profeta en su terruño, en su tierra, en su planeta Tierra.

¿Germán? Sí, yo lo vi jugar. Una sonrisa, un abrir los ojos, una negación con la cabeza como quien no se lo cree, un "no te puedo explicar". Algún día miembro del Salón de la Fama en Cuba, algún día una estatua. ¿Justicia? No, justicia no. Ya él la hizo. Y el pueblo emitió su veredicto. Si lo duda, sólo diga en los círculos beisboleros Germán. Y con eso basta.



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